EL CORTADOR DE CESPED

Exploramos las adaptaciones de la literatura de terror o fantástica a otros medios, como el cine o los videojuegos. Analizamos cómo estas historias cobran vida fuera de las páginas y el impacto que tienen en la cultura popular.

Dos hermanas de Kim Ji-Woon: la belleza lírica del horror por Cristina Rausell

Volver a ver esta película, para abordar ciertas influencias en alguno de mis cuentos, me ha vuelto a enamorar, casi como la primera vez. Y a veces esto es bueno, volver a ver o leer aquello que una vez nos apasionó, para comprobar, si el tiempo tiene razón. Dos hermanas sigue siendo más de veinte años después una de las mejores películas de terror, a la altura de éxitos míticos como El resplandor. Se necesitaba una puesta en escena como la que Kim Ji-Woon pone en marcha, para una apuesta como esta, que combina de un lado retomar el terror originario de los cuentos de hadas, que son sino estas dos hermanas y la malvada madrastra (por eso prefiero el título en inglés A tale of two sisters), con una narrativa visual de un lirismo poético excepcional, donde la elegancia visual y narrativa, por expreso deseo de su director, siempre está presente. En este punto la primera escena de la llegada a la casa y ese cuidadoso detalle de cada escena, para crear una atmosfera perfecta donde el horror irrumpe en esa familia, tan aparente, como esas vajillas exhibidas de modo perfecto en armarios provenzales, pero rota en pedazos por dentro, ya me recuerda a un cine clásico, como el de Douglas Sirk, incluso, más, que al propio Hitchcock, lo cual me liga a uno de mis referentes cinematográficos. 

El punto de arranque de la historia es ya inquietante, la vuelta de dos hermanas desde una institución psiquiátrica a la casa familiar, en ese prodigio de dueto fraternal de Su-mi y Su-yeon, como dos partes de una misma identidad, la fuerte vs. la débil, la hermana mayor vs. la hermana menor. Y como conductoras a través de esa casa de sombras y noches de una interpretación magistral bajo una elegancia visual en el horror, que nos recuerda esa frase de Ligotti "Sólo podríamos escondernos del horror en las profundidades del horror". Y a partir de ahí, esta historia de vueltas, giros, inquietantes sucesos que no se revelan, solo asoman, se intuyen y se desvanecen, con ese armario y su continua presencia, que vuelve a recordarnos que el miedo proviene siempre de lo más elemental y sencillo, porque conecta como emoción primaria y atávica. Un largo rastro de sangre es siempre más terrorífico que la visión real de lo que ha provocado esa imagen. Y esa escena absolutamente prodigiosa, de la aparición del fantasma torcido de la madre, y su inquietante montaje, plano y contraplano. Horror, duelo y memoria se combinan en esta apasionante legado fílmico sobre las zonas más siniestras de la memoria, que deja en la atmosfera de esa casa una pregunta: "¿Sabes lo que de verdad es aterrador? Cuando quieres olvidar algo y no puedes y entonces te persigue a todas partes, como un fantasma".

Cristina Rausell  

 

Nosferatu de Eggers por Cristina Rausell vs. Drácula de Luc Besson por Gary Crowley

 

 

NOSFERATU DE EGGERS POR CRISTINA RAUSELL

Eggers explora la parte más animal, onírica y emocional, casi animista, del legendario vampiro. En un ejercicio cinematográfico casi perfecto, y que para ello intenta volver al origen, al Nosferatu de Murnau. Casi una obra maestra. Carnal, sensual, explícita, perversa, erótica y brutal, extraordinaria e hipnótica, tras la voz gutural y abisal de Orlok. Nos sumerge en un cierto estado de extrañamiento, una confusión bien intencionada entre lo que amamos y lo que tememos, entre la vida y la muerte, Eros y Tanatos, la noche y el día, el monstruo y la víctima, el siervo y el amo, el terror y el deseo, como si a fuerza de darnos vueltas con los ojos vendados, ya no supiéramos hacia donde ir, eso me gusta, ese no lugar, esa ausencia de posicionamiento o definición, bajo otra lectura, que quizá sea aún más inquietante, más aterradora.

Aproxima una lectura de Drácula más profunda, en una ambientación como de ciénaga permanente. Mi escena favorita: la llegada de Thomas Hutter al castillo de Orlok. El paisaje completamente onírico, como sacado de un cuadro de Remedios Varo, la carroza de caballos desbocados, entre la niebla, los Cárpatos, cada imagen abre puertas hacia lugares insólitos, y al mismo tiempo familiares, que ya han recorrido nuestros miedos. La esencia del terror en estado puro, como definió Lovecraft, es el miedo a lo desconocido, y esa función del paisaje también muy Lovecraft, como escenario perfecto de la pesadilla, porque qué son nuestros sueños sino lugares.

La figura gigante de Orlok su respiración animal, y todos los personajes en su justa medida e interpretación, para crear la armonía del caos.

Las niñas angelicales q esperan la llegada de la Navidad, pero ya sienten los pasos del monstruo, un Nosferatu que vuelve romántico y decadente, no para matar, o sí, aunque esto no sea el fin, sino encontrar a un amor perdido.

Quizá la mejor manera de acercarse a Drácula, después de tantas veces, sea precisamente lo que ha hecho Eggers volver a la esencia, a lo elemental, lo más simple resulta siempre lo más aterrador. La vuelta al origen, Drácula, un monstruo solitario, solo un trasgo perdido en la inmensidad del bosque. Un amante perdido, vagante, un ser fantasmal, atrapado en su ataúd, en su noche sin fin, que espera el regreso de su amada, que no busca ya posesión sino entrega. Y una original vuelta de tuerca vampírica, bajo un triángulo amoroso perfecto q subyuga a Ellen Hutter entre el bien y el mal. Eterno. Una duda para todo buen final: ¿quién es el monstruo?, que nos deja con una evidencia en la yugular: hasta los peores monstruos necesitan amar.

DRACULA: UNA HISTORIA DE AMOR DE LUC BESSON POR GARY CROWLEY

Casi nada me ha gustado de esta película, me ha parecido tan innecesaria como superflua. El propio título delata ya su propósito comercial, pero ese historia de amor se desvanece en la nieve tan pronto empieza, quizá sea lo mejor de la película, lo único memorable, ese inicio con Vlad Tepes en la nieve, y la belleza visual de esa escena. Todo lo demás sobra, sobra por grandilocuente, como la escena en Versalles, como esa rocambolesca historia del perfume atrayente, menuda porquería y menudo Drácula de pacotilla, tener que ponerse un perfume como atrayente, en plan feromona, no reconozco a Drácula, ni su poder telequinésico. Me sobra luz, porque Drácula requiere oscuridad, sombras, una ambientación especial, no ese derroche fotónico, que no ayuda nada, sólo deslumbra en el peor sentido de la palabra.

Luc Besson ha querido centrarse en el aspecto más romántico de Drácula, pero de una manera muy superficial, y ha querido también alejarse de las propuestas más góticas, para realizar una aproximación desde lo fantástico a Drácula, pero a mi modo de ver,  fallida, sólo concretada en ciertos elementos, como las gárgolas que cobran vida, quizá lo único que recuerdas después de ver la película, que esos demonios de piedra haciendo las veces de siervos de Drácula, quizá para deleite de esos niños que llenan de palomitas el asiento del cine antes de salir, sin saber la verdadera historia de Drácula.

 

En compañía de lobos, de Neil Jordan

En compañía de lobos es una joya, no solo porque fuera una obra primeriza de Neil Jordan, capaz de hacer películas tan extrañamente divergentes como esta y Juego de Lágrimas, sino porque cuenta en el guión con la propia Angela Cárter. Su puesta en escena, se parece un poco a sus cuentos, donde nada es lo que parece,  todo tiene un trasfondo teatral y barroco, y por eso las historias se desarrollan en un bosque de cartón piedra, donde confluyen otras historias, otros personajes y otros tiempos, para contar la historia de todos los tiempos, el cuento de iniciación más contado, esto es, la historia de Caperucita, dentro del sueño de una niña, en un estructura de matrioska, donde unas historias van llevando a otras.

La película surge de tres cuentos fundamentales de Angela Cárter sobre Caperucita y el hombre lobo de La Cámara Sangrienta: “El hombre lobo", "La compañía de los lobos" y "Lobalicia". Aunque se dice que Angela Cárter  en este libro realiza una deconstrucción de los cuentos de hadas, en mi opinión no se trata de una deconstrucción, sino más bien de un retorno al cuento original, a su concepción inicial como cuento de terror , a su expresión original y oral, si bien eso si, con una propósito feminista de empoderar a Caperucita, como ama de su propio despertar sexual, y de paso, revolver y truncar todo el orden patriarcal, en un bosque donde Caperucita ya no teme al lobo, y quiere ser creadora de su propio destino.

“La muchacha rompió a reír: sabía que ella no era la carne de nadie. Se rio de él en su cara, le arrancó la camisa y la tiró al fuego, sobre la estela voraz de su propia ropa desechada. Las llamas bailaron como espíritus de muertos en la Walpurgisnacht y los viejos huesos que estaban bajo la cama empezaron a tabletear terriblemente, pero ella no les prestó atención”. ("La compañía de los lobos", de La Cámara Sangrienta de Angela Cárter).

Lo más acertado de la película, no solo es contar con Angela Lansbury, como la mejor de todas las abuelitas posibles, sino también haber tenido la valentía de crear una estética propia, tan onírica y teatral, para acoger los cuentos de Angela Cárter, en su propia ambientación. Además de esa escena memorable,  del banquete de bodas, donde la fuerza animal desatada impone su propio orden, nos revela al animal que llevamos dentro, y como esa fuerza incontrolable puede destruir cualquier convencionalismo social.

Rila Metadieva